Madre María Campillo

    María Campillo Hurtado nació en Rincón de Seca, Murcia, el 1 de enero de 1929, segunda y última hija del matrimonio formado por María Hurtado Pacheco y Juan Antonio Jesús Mariano Campillo Hernández.

De niña era callada, muy obediente y profundamente observadora, por ejemplo, cuando se declaró la guerra civil española, aunque sólo contaba 7 años, pudo hacer una valoración muy precisa de la realidad social que había motivado semejante situación.

     Al hacer la 1ª Comunión pensó que de mayor ella sería toda para Dios, y conforme iba creciendo, se hacía más nítido en su conciencia lo que serían los dos aspectos fundamentales de su vida: Dios y el bien común de la sociedad.

     Cuando contaba 12 años, Sebastián, su único y queridísimo hermano, 17 meses mayor que ella, cayó enfermo de polio, quedando inválido y en silla de ruedas para el resto de su vida. Esto, junto con otros problemas familiares, la llevó a tomar las riendas de la familia para estabilizarla económicamente  y poder dedicarse por entero a los asuntos del alma. Abrió en su casa un almacén de materiales de construcción y por las noches fabricaba anillos de pozo, pilas o repisas de ventanas, pues de sol a sol llevaba los huertos de la hacienda familiar, y lo mismo tanteaba un huerto que hacía viveros o plantaba flores o frutas que a veces ella misma debía vender en los mercados. Al mismo tiempo participaba activamente en la vida de su parroquia, la Acción Católica, Cursillos de Cristiandad y todo lo que le permitiera conocer más a Dios y llevarlo a los demás.

    Se convirtió, sin pretenderlo, en un referente para su pueblo, pues en su afán de promoción humana y de justicia social, (su sueño desde pequeña era ser camino para todos) consiguió unir a los huertanos contra los abusos de los marchantes de la fruta; implantar la línea regular de autobuses Rincón de Seca-Murcia (como los autobuses que podía comprar eran de tercera mano, cada noche tenía que hacerles reajustes); en un momento de gran sequía, abrió un pozo artesiano para suministrar agua a los regantes. En aquellos tiempos no había seguridad social para los obreros eventuales de la agricultura y ella se hizo un seguro agrícola, para ayudar a los que caían enfermos sin que sus patronos se hicieran cargo. Cuando un inspector, le dijo si es que ella tenía a todos los obreros de la región, le contestó que mientras la administración pública no se ocupara del problema, ella les seguiría firmando porque lo consideraba de justicia. En lucha silenciosa contra ciertos intereses, logró quitar el agua que se escapaba de la Acequia Mayor, lo que representaba inundaciones indebidas y una gran pérdida de la que nadie se hacía responsable. Cuando logró sanear y acondicionar la zona en la que actualmente se halla la Casa Madre, los vecinos salían emocionados a agradecer el tener al fin agua, luz y camino. Providencialmente, se prestaron a ayudarle y resolvieron graves problemas unos jóvenes desconocidos que trabajaban en el IRIDA; ella siempre los recordaba con asombro y amor.

     Por todas sus acciones en favor de los demás y sus valores personales, además de otros muchos aspectos que no se pueden reseñar en este pequeño espacio, los principales representantes del pueblo le rogaron que aceptara el cargo de alcaldesa, pero por razones espirituales, ella rechazó la propuesta, aunque siguió colaborando en el bien del pueblo.

      Al mismo tiempo se dedicaba completamente a la formación ética y espiritual de la juventud, organizando tandas de ejercicios espirituales, semanas de juventud, excursiones, retiros y todo lo que estaba en su mano, aunque también le tocó sufrir desprecios, calumnias, persecución y humillaciones de personas desinformadas e  incluso de la propia Iglesia.

      Por los muchos trajines laborales y apostólicos y las tremendas incomprensiones por parte de los miembros de su misma familia, que no lograban entender su vida, cayó gravemente enferma. Tras superar un trance de muerte por envenenamiento de un farmacéutico negligente, ya decidida a seguir la llamada de Dios sin más dilación a pesar de la difícil situación económica, ante las dificultades de encontrar sitio donde reunir sus jóvenes, decidió construir una Casa de Espiritualidad en una propiedad familiar, para lo cual montó toda una limpia, inteligente y astuta organización en orden a conseguir el imprescindible dinero.

     Comenzó a programar la Casa de Espiritualidad el 9 de noviembre de 1.970. En mayo de 1975, mientras continuaba la construcción de la Casa, se abrió en la planta baja del edificio una Guardería Laboral para servicio de las madres trabajadoras y al mismo tiempo, comenzar la formación de los niños desde su más temprana edad. Esto le supuso una serie de problemas que la llevaron a crear una Federación de Guarderías Laborales que subsistió hasta que las guarderías pasaron a ser Escuelas Infantiles.

     En realidad ella tenía la llamada interior de fundar una Comunidad Religiosa, como así fue, pues contando con cuatro seguidoras, el grupo comenzó a existir como pequeña fraternidad de Vida en Común el Lunes Santo de 1.978, residiendo en la misma Casa de Ejercicios, aún inacabada, pero ya dando múltiples servicios. El 12 de septiembre de 1982, su obra recibió, en una celebración multitudinaria, la aprobación diocesana "ad experimentum", vistiendo desde entonces el hábito religioso y viviendo bajo una regla que después de unos años fue declarada "sine die". También realizó la construcción de una Casa de Espiritualidad en el litoral del Mar Menor y durante ese tiempo se abrió una nueva Casa en un pequeño pueblo llamado Roldán.

      Después de largos años de diversas actividades y vida entregada a los demás, decidió construir una Residencia para ancianos al comprobar la necesidad de atención en que muchos vivían. Tras lograr superar la gran cantidad de problemas que se iban presentando a todos los niveles, incluso gravísimas enfermedades, la inauguración tuvo lugar el 15 de marzo de 2007, funcionando en la actualidad a pleno rendimiento.

    Tras la residencia, preocupada por la situación de contravalores en que se encuentra la familia y la falta de formación en virtudes humanas, sociales y cristianas de la juventud, su proyecto era construir un gran colegio donde se trabajaría con los niños de 0 a 18 años y con sus familias. Al cabo de cinco años de lucha con la administración pública y viendo que el juego político hacía inviable su proyecto, se decidió que algunas hermanas marcharan a América para abrir allí una nueva Comunidad, sintiendo que ya estaba cerca su final y que retomar la fundación en Kenya sólo podía ser a largo plazo.

    Valiente como era, a pesar de la metástasis que sufría, el 14 de abril de 2012 se montó en un avión rumbo a Colombia para una estancia de dos semanas. La acompañaban una hermana, un médico amigo y benefactor, y su querido hijo espiritual, director de la Residencia de Mayores. A pesar de su precaria salud, pudo establecer buenas relaciones y un acuerdo con la Arquidiócesis de Villavicencio.

     Al regreso de Colombia los médicos intentaron ponerle un implante que le permitiría tragar, pero ya no había nada más que hacer, pues toparon con una masa tumoral en el esófago. Junio fue un mes de sufrimiento heroico y silencioso. No podía comer ni apenas tragar agua. Se podía ver la intensidad del sufrimiento, pero ella no se quejaba, sino que al contrario, recibía con amor y palabras de sabiduría a todo aquel que quiso visitarla. El sábado 30 de junio, ya tarde, pidió visitarla un señor que dijo ser médico y que sabía que estaba muriendo una santa. Efectivamente, a las 3 de la madrugada, diciendo que Nuestra Señora estaba allí, entró en suave agonía y a las 3,30 falleció rodeada de todas sus hijas y hermanas.

     María Campillo Hurtado ha sido una luchadora nata con una visión de amplios horizontes en favor de la vida, de la familia, de la fe en el Evangelio, que a pesar de su falta de credenciales académicas, ha dado lecciones de buen hacer a todos cuantos han acudido a ella, y que el único reconocimiento que pidió a las instituciones y la sociedad, fue que no le pusieran obstáculos a su labor.

HERMANAS MISIONERAS DE LA SAGRADA FAMILIA 

MISSIONARIES SISTERS OF THE HOLY FAMILY

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